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Impulsan el cultivo de batata en las chacras misioneras: una alternativa de bajo costo, rentable y sustentable

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Impulsan el cultivo de batata en las chacras misioneras: una alternativa de bajo costo, rentable y sustentable

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En el predio del ex ingenio azucarero de San Javier, el Instituto de Macroeconomía Circular lleva adelante ensayos con distintas variedades de batata. La experiencia apunta a generar información técnica confiable, recuperar un cultivo que fue abandonado por la virosis y posicionarlo como una alternativa de ingreso en pequeñas superficies, con baja inversión y alta resistencia.

 

En el área donde funcionó históricamente el ingenio azucarero de San Javier, hoy se ensayan nuevos caminos productivos. Allí, los técnicos del área de Diversificación Productiva del Instituto de Macroeconomía Circular (Imac), desarrollan desde el año pasado pruebas a campo con batata, un cultivo tradicional que perdió presencia en las chacras misioneras, pero que vuelve a mostrar potencial.

“La idea es brindar información precisa al productor para que pueda incorporar este cultivo a sus chacras”, explicó la administradora de Diversificación Productiva, Ing. Agr. Sandra Quintana, en diálogo con LT 17 Radio Provincia de Misiones.

Los ensayos se realizan con tres variedades: Arapey, Okinawa y Famaillá, seleccionadas por su comportamiento agronómico y su adaptación a las condiciones locales de suelo y clima. Durante la última campaña, y con las condiciones climáticas del verano, la variedad Arapey fue la que mostró mejores resultados en rendimiento.

“Trabajamos con parcelas chicas. Por ejemplo, en una parcela de 50 por 10 metros obtuvimos alrededor de nueve mil kilos, lo que extrapolado a hectárea da un rendimiento cercano a los veinte mil kilos, un valor promedio muy interesante”, detalló Quintana.

Un dato clave que surge de la experiencia es que la variedad Arapey no se produce en Corrientes, donde predomina la Okinawa. “Eso nos permitiría no competir directamente con la producción de la provincia vecina y pensar en un mercado diferenciado”, señaló.

Un cultivo rústico y de bajo requerimiento

Uno de los principales objetivos es reconstruir la confianza del productor en la batata, destacando sus virtudes productivas. Se trata de un cultivo rústico, que se adapta a distintos tipos de suelo, no requiere suelos muy ricos y demanda pocos cuidados.

“No necesita mucho trabajo. El control de malezas es importante al inicio, pero una vez que el cultivo cubre la parcela ya no hace falta intervenir. Además, es muy resistente porque el producto se desarrolla bajo tierra”, explicó la ingeniera.

A esto se suma que es una alternativa viable para pequeñas superficies, con menor inversión inicial y menor demanda de mano de obra en comparación con otros cultivos. La cosecha, preferentemente manual, se realiza sobre camellones, lo que facilita la extracción del tubérculo.

El desafío de la virosis

La batata fue abandonada por muchos productores a raíz de la virosis, una enfermedad que se transmite de planta en planta y no tiene cura. “Una vez que la planta adquiere el virus, hay que desechar todo. El rendimiento cae drásticamente y eso desalentó la producción a nivel nacional”, explicó Quintana.

Frente a este escenario, el Imac ya trabaja en contacto con laboratorios del país que producen plantas in vitro libres de virus. El objetivo es, a futuro, adquirir ese material saneado, multiplicarlo y entregarlo a los productores para que puedan armar sus propios semilleros.

“Es, de alguna manera, empezar de nuevo con la batata, pero con otro manejo y otra base sanitaria”, resumió.

Guías y acompañamiento técnico

La estrategia contempla llegar a fines de agosto con guías disponibles para entregar a los productores interesados, teniendo en cuenta que la batata es un cultivo primavera-verano y que uno de los principales problemas es la falta de material de plantación en el momento oportuno.

Desde el Imac remarcan que no solo se trata de entregar guías, sino de acompañar el proceso. “Queremos visitar al productor, ver si están dadas las condiciones y asumir un compromiso mutuo. La idea es que el productor tenga respaldo técnico y seguridad”, afirmó Quintana.

Además de la batata, desarrollan ensayos y producciones con cúrcuma, jengibre, maracuyá, ajo, maní y plantines hortícolas, siempre bajo la lógica de prueba a campo, generación de información y posterior transferencia al productor.

“Tenemos que generar datos y certezas. Solo así el productor se anima a volver a sembrar”, concluyó Quintana.

En un contexto de incertidumbre climática y económica, la experiencia en el ex ingenio azucarero busca demostrar que, con información, acompañamiento y diversificación, la batata puede volver a ocupar un lugar en las chacras misioneras.

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