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Dr. Gerardo Vetter | Preocupaciones, ansiedad y miedo al futuro: cómo gestionar lo que todavía no ocurrió

.En diálogo con Multimedios Génesis, el Dr. Gerardo Vetter reflexionó sobre las preocupaciones, el miedo y la ansiedad que atraviesan la vida cotidiana, y explicó por qué muchas veces las personas sufren anticipadamente por situaciones que todavía no ocurrieron y que, en numerosos casos, finalmente nunca suceden.

Dr. Gerardo Vetter | Preocupaciones, ansiedad y miedo al futuro: cómo gestionar lo que todavía no ocurrió

.En diálogo con Multimedios Génesis, el Dr. Gerardo Vetter reflexionó sobre las preocupaciones, el miedo y la ansiedad que atraviesan la vida cotidiana, y explicó por qué muchas veces las personas sufren anticipadamente por situaciones que todavía no ocurrieron y que, en numerosos casos, finalmente nunca suceden.

A lo largo de la entrevista, el psicólogo destacó la importancia de aprender a gestionar las preocupaciones propias y también aquellas que llegan desde el entorno, especialmente en profesiones como el periodismo y la psicología, donde las angustias y conflictos de otras personas forman parte del trabajo cotidiano.

La preocupación por lo que todavía no ocurrió

Vetter señaló que una parte importante de las preocupaciones humanas está vinculada con acontecimientos futuros.

"El 80% de las cosas a las cuales nosotros tenemos miedo, que tenemos temor que van a pasar, no pasan", sostuvo.

En ese sentido, explicó que la mente puede anticipar escenarios negativos frente a situaciones como un examen, una inspección, una decisión importante o incluso un encuentro afectivo. El problema aparece cuando el temor de que algo salga mal comienza a crecer hasta generar una angustia que afecta el presente.

"Yo sufro en el presente por las cosas del futuro", resumió el profesional al describir este mecanismo.

Según explicó, la ansiedad anticipatoria puede instalarse antes de que ocurra aquello que genera preocupación y llevar a la persona a imaginar distintos escenarios negativos, aun cuando no exista certeza de que vayan a concretarse.

Cuando el miedo se convierte en angustia

Vetter explicó que el miedo forma parte de la condición humana y cumple una función, pero puede adquirir una intensidad que genere sufrimiento.

"El miedo se hace intenso y a veces el miedo se agranda y hasta es posible por ahí tener un trastorno de ansiedad, con crisis de pánico", señaló.

La angustia puede expresarse mediante diferentes manifestaciones físicas, entre ellas palpitaciones, sudoración y una fuerte sensación de opresión. 

El profesional explicó que algunas personas pueden llegar incluso a experimentar una crisis de pánico con la sensación de estar atravesando una situación de peligro extremo. En esos casos, señaló, es frecuente que la persona consulte en una emergencia médica y que los estudios no encuentren una alteración orgánica que explique los síntomas.

"Está bien físicamente, o sea que la parte orgánica está bien, pero usted tiene algo en otro nivel, en otra instancia que tiene que ver con lo psíquico", explicó.

La mente puede reaccionar ante una amenaza imaginada

Uno de los puntos centrales de la reflexión fue la relación entre los pensamientos, las emociones y las respuestas físicas del organismo.

Vetter sostuvo que la mente puede reaccionar frente a una situación imaginada como si aquello que genera temor ya estuviera sucediendo.

"Ya reacciona como que aquello que estoy teniendo miedo ya está instalado", explicó.

De esta manera, una persona puede experimentar en el presente las consecuencias emocionales y físicas de un acontecimiento que todavía pertenece al futuro.

La anticipación permanente de resultados negativos puede generar un desgaste innecesario y aumentar la sensación de inseguridad.

Por eso, el profesional planteó la necesidad de trabajar sobre el psiquismo y aprender a reconocer los procesos internos que intervienen en la manera en que cada persona interpreta y enfrenta las situaciones.

La importancia de cuidar la interioridad

Durante la entrevista, Vetter también destacó la necesidad de prestar atención a la vida interior, a la que definió como un aspecto que requiere cuidado y desarrollo al igual que el cuerpo.

"Lo mismo que haces con el cuerpo, pues, hay que hacer también con el alma o con el psiquismo", afirmó.

En ese sentido, señaló que las personas no solamente crecen y se desarrollan físicamente, sino también interiormente.

Para el psicólogo, cultivar esa interioridad permite comprender mejor las propias emociones, frustraciones, deseos y temores, y puede contribuir a desarrollar mayores herramientas para afrontar las dificultades.

Adrenalina, miedo y emociones diferentes

Otro de los temas abordados fue la diferencia entre el miedo, el estrés y la adrenalina.

Vetter explicó que la adrenalina puede aparecer también frente a situaciones que generan expectativa y entusiasmo, como una actividad de aventura, una competencia o una experiencia en la que existe cierto riesgo pero que la persona siente que puede controlar.

"Es una expectación gozosa también", sostuvo.

En estos casos, la sensación corporal puede incluir cosquilleo, excitación y las conocidas "mariposas en la panza", pero acompañadas por una percepción positiva de la situación.

El profesional diferenció este estado de aquel miedo que paraliza y genera angustia, destacando que las emociones pueden producir respuestas físicas similares, pero adquieren significados diferentes según cómo la persona interprete aquello que está viviendo.

El psiquismo y el complejo mundo de las emociones

Vetter planteó que comprender el funcionamiento del psiquismo permite acercarse a un mundo tan complejo como la propia anatomía humana.

"Es fascinante ese mundo", expresó al referirse a las emociones, los afectos, las expectativas, los sueños y las fantasías.

En esa línea, sostuvo que estudiar y comprender la interioridad puede ayudar a reconocer los distintos estados de placer y displacer, así como las formas en que las experiencias afectan a cada individuo.

El profesional remarcó que aquello que afecta emocionalmente a una persona no puede simplemente ignorarse como si se tratara de un estímulo externo que puede evitarse.

Lo que no se elabora también puede transmitirse

Otro de los ejes de la conversación fue la influencia de las experiencias personales sobre las generaciones siguientes.

Vetter explicó que aquello que una persona logra elaborar a lo largo de su vida puede evitar que determinadas dificultades se repitan en sus hijos, mientras que aquello que queda sin resolver puede trasladarse de distintas maneras dentro de una familia.

En ese sentido, destacó la importancia de trabajar las propias dificultades, especialmente cuando existen patrones relacionados con la violencia, la frustración o la incapacidad para manejar determinadas emociones.

"Si vos el umbral de frustración lo tenés muy bajo y siempre tenés la tendencia a reaccionar violentamente ante cualquier frustración, si eso despacito no lo vas superando, no lo vas trabajando, no lo vas elaborando con psicoterapia, lo vas a transmitir a tus hijos", explicó.

Por eso, señaló que trabajar sobre la propia interioridad también puede tener un impacto positivo en los vínculos familiares y en las generaciones futuras.

Exterioridad, consumo y bienestar

Vetter también cuestionó el exceso de atención sobre los aspectos externos de la vida, especialmente en una sociedad atravesada por el consumo, las redes sociales y la virtualidad.

Sostuvo que existe el riesgo de permanecer demasiado concentrados en la apariencia, el consumo y aquello que se puede adquirir, mientras se descuidan los aspectos internos.

"Si estamos demasiado volcados a la exterioridad y al consumo", planteó, puede producirse un desequilibrio que termine afectando el bienestar psicológico.

En este contexto, remarcó la necesidad de desarrollar un criterio que permita distinguir aquellas experiencias, hábitos y estímulos que contribuyen a una vida más realizada de aquellos que pueden aumentar la ansiedad, la angustia o incluso favorecer estados depresivos.

La dimensión psicológica de la justicia y la distribución

Hacia el final de la entrevista, la conversación se trasladó al terreno económico y social, a partir de las preocupaciones que atraviesan actualmente a la sociedad.

Vetter planteó que hablar de interioridad y de una vida que no esté centrada exclusivamente en lo material no significa desconocer las necesidades concretas ni aceptar situaciones injustas.

"Hay algo que se llama justicia, hay algo que se llama verdad", sostuvo.

Para explicar su planteo, utilizó el ejemplo de una familia en la que existen diferencias en la distribución de los recursos y necesidades.

Según explicó, no se puede justificar una distribución injusta apelando simplemente a que las personas "no sean materialistas". Lo importante, señaló, es encontrar una distribución equitativa, teniendo en cuenta las necesidades particulares de cada integrante.

"En la salud psicológica hay una cosa importante que es lo equitativo y hacer un discernimiento y qué es justo y qué es bueno", afirmó.

Desde esa perspectiva, Vetter vinculó el bienestar psicológico no solamente con la capacidad individual de gestionar las emociones, sino también con la existencia de vínculos y entornos donde haya justicia, cuidado y consideración por las necesidades de los demás.

Multimedios Génesis Eldorado | Red de Medios Misiones 

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