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Dr. Gerardo Vetter | Adolescencia, salud mental y la importancia de escuchar las señales de alerta

En diálogo con Multimedios Génesis, el psicólogo Dr. Gerardo Vetter reflexionó sobre los cuadros psicóticos, las diferencias entre una crisis propia de la adolescencia y una situación que requiere atención profesional, y la importancia de que las familias puedan reconocer señales de alerta en niños y jóvenes.

Dr. Gerardo Vetter | Adolescencia, salud mental y la importancia de escuchar las señales de alerta

En diálogo con Multimedios Génesis, el psicólogo Dr. Gerardo Vetter reflexionó sobre los cuadros psicóticos, las diferencias entre una crisis propia de la adolescencia y una situación que requiere atención profesional, y la importancia de que las familias puedan reconocer señales de alerta en niños y jóvenes.

A lo largo de la entrevista, el profesional explicó qué es un delirio, cómo puede manifestarse un cuadro psicótico y por qué resulta fundamental intervenir tempranamente. También puso el foco en la adolescencia como una etapa de profundas transformaciones, en la construcción de la identidad y en el rol que deben asumir madres, padres y adultos cercanos para acompañar esos procesos.

En el marco del mes de prevención del suicidio, Vetter destacó especialmente el valor de la escucha, el respeto por las emociones de los adolescentes y la necesidad de mantener abierto el diálogo incluso cuando aquello que preocupa al joven pueda parecer poco importante desde la mirada adulta.

¿Qué es el delirio?

Vetter explicó que, desde el punto de vista clínico, el delirio implica una interpretación de la realidad que no se corresponde con lo que efectivamente ocurre.

“Es una interpretación de la mente sobre algo que en realidad no es así, que no existe”, explicó.

Como ejemplo, describió la situación de una persona que interpreta que alguien que pasó frente a ella la estaba observando, que posteriormente recibe mensajes relacionados con esa persona y que, a partir de esas asociaciones, llega a la conclusión de que está siendo perseguida o que será detenida.

“Es un delirio, pero es parte de un cuadro psicótico”, sostuvo.

El psicólogo señaló que, en estos casos, se produce una ruptura del vínculo entre la interpretación subjetiva y la realidad compartida. Las interpretaciones pueden adquirir características extrañas, extravagantes o alejadas de aquello que las demás personas perciben.

Cuando la realidad comienza a transformarse

El profesional explicó que los cuadros psicóticos pueden generar una experiencia de la realidad completamente diferente para quien los atraviesa.

Según describió, la persona puede encontrarse despierta físicamente, pero experimentar el mundo de una manera semejante a un sueño, en el que aparecen interpretaciones, percepciones y pensamientos que para ella tienen absoluta realidad.

“Es como que la persona estuviese despierta pero como en un sueño”, señaló.

Vetter explicó que, en determinados cuadros, aquello que normalmente permanece en el plano del sueño, la imaginación o el inconsciente puede irrumpir en la experiencia cotidiana.

“Lo que nosotros diferenciamos, que es el mundo loco del sueño, que uno dice ‘mirá lo que soñé’, que es extravagante y es raro, el que está en un cuadro psicótico está viviendo en su realidad eso”, sostuvo.

También diferenció distintos tipos de ideas delirantes. En los delirios de persecución, por ejemplo, la persona puede interpretar lo que sucede a su alrededor como una amenaza permanente. En los delirios de grandeza, en cambio, puede aparecer una percepción exagerada de las propias capacidades, poder o importancia.

La importancia de un abordaje temprano

Vetter remarcó que los cuadros psicóticos requieren especial atención y que es importante determinar sus características y evolución.

“Son cuadros graves”, afirmó, y señaló que pueden requerir un abordaje psiquiátrico y farmacológico además del acompañamiento psicológico.

En este sentido, destacó la importancia de intervenir tempranamente, especialmente frente a un primer episodio psicótico, para determinar si se trata de un cuadro agudo o de una situación que puede evolucionar hacia una condición más prolongada.

Entre los cuadros psicóticos mencionó a la esquizofrenia, aunque aclaró que existen diferentes trastornos y situaciones clínicas que deben ser evaluadas profesionalmente.

La adolescencia como una etapa de transformación

Uno de los principales ejes de la entrevista fue la adolescencia. Vetter explicó que se trata de una etapa de profundos cambios físicos, psicológicos y sociales, durante la cual el joven comienza a separarse progresivamente del ámbito familiar para construir su propia identidad.

“El adolescente es como una nueva persona”, señaló. Para el profesional, los cambios propios de esta etapa pueden desconcertar a las familias: cambia el cuerpo, la voz, la conducta, la manera de hablar, los intereses y las reacciones.

Sin embargo, consideró que buena parte de esas transformaciones forman parte de un proceso saludable. “El adolescente tiene que consolidar, formar su propia identidad y eso es crisis, pero crisis es oportunidad de crecimiento”, explicó.

En ese sentido, remarcó que los adultos no deberían intentar impedir esa transformación simplemente porque el joven se comporta, se viste o piensa de una manera diferente. La rebeldía, la necesidad de diferenciarse y la aparición de nuevas ideas forman parte de la construcción de una personalidad propia.

“Es saludable en la juventud decir: ‘Yo tengo otra idea, yo tengo otro pensamiento, tengo otro sentimiento y yo lo veo distinto’”, sostuvo.

Acompañar desde el afecto

Vetter planteó que uno de los desafíos más importantes para madres y padres consiste en encontrar una nueva forma de vincularse con sus hijos durante la adolescencia

El profesional sostuvo que los adultos deben acompañar la crisis adolescente desde el afecto y el amor, sin intentar controlar cada aspecto de la vida del joven ni imponerle un molde construido desde la experiencia adulta.

En este proceso, consideró fundamental mantener el vínculo y sostener el diálogo, incluso cuando existan diferencias de opinión.

“Siempre sostener el diálogo, fomentar el diálogo, buscar articular ese modo, aunque sea diferente, pero es un enriquecimiento para toda la familia”, señaló.

Según explicó, acompañar a un adolescente también implica que los propios adultos puedan revisar algunas ideas y esquemas que tenían establecidos y aprender a relacionarse con una persona que está construyendo su propia identidad.

¿Cuándo una conducta requiere mayor atención?

Vetter destacó que no todas las conductas adolescentes deben interpretarse como señales de enfermedad. La rebeldía, los cambios de estilo, las discusiones con los padres o la necesidad de independencia pueden formar parte del desarrollo normal.

Sin embargo, existen determinadas modificaciones que deberían despertar mayor atención.

“Cuando el joven se encierra mucho, cuando se aísla mucho, cuando tiene expresiones extrañas y raras, cuando su desconfianza y su recelo ya es exagerado y sobre todo el aislamiento, el no querer estar con nadie, el no querer hablar”, enumeró.

Ante estas situaciones, recomendó no dejar al adolescente completamente solo bajo la idea de que “no molesta”, sino acercarse y buscar establecer un diálogo.

También señaló que determinadas conductas pueden estar relacionadas con diferentes dificultades, entre ellas el consumo de sustancias, por lo que resulta importante observar los cambios y pedir ayuda cuando sea necesario.

Escuchar antes que bombardear con palabras

Para Vetter, la comunicación con un adolescente comienza por la capacidad de escuchar. “Hay que acompañar esa crisis, pero estando cerca, cerca desde el afecto, desde el amor”, afirmó.

El psicólogo cuestionó aquellas formas de comunicación en las que los adultos se limitan a dar órdenes, indicaciones o consejos permanentemente.

“Los adultos los bombardeamos con palabras, palabras, tenés que hacer esto, pero tenés que hacer así, pero no hagas esto”, explicó.

Frente a esa actitud, propuso recuperar la escucha como herramienta de acercamiento.

El objetivo no es adoctrinar al joven ni obligarlo a pensar como el adulto, sino comprender qué le sucede, cuáles son sus preocupaciones y cómo está atravesando los cambios propios de la edad.

Respetar las emociones, aunque parezcan pequeñas

Otro aspecto central de la entrevista fue la importancia de tomar en serio las emociones de los adolescentes.

Vetter explicó que situaciones que pueden parecer insignificantes para un adulto pueden tener una enorme importancia para un joven.

Por eso, recomendó no burlarse, minimizar ni retar al adolescente por aquello que siente.

“Tómalo en serio”, remarcó.

El acompañamiento, explicó, permite ayudar al joven a atravesar las pérdidas, las tristezas y las frustraciones que forman parte de la vida.

En este punto, destacó la necesidad de que madres y padres desarrollen sensibilidad para detectar qué está ocurriendo, pero sin asumir un rol policial.

“Detectar, como mamá y papá, tener un radar, tener una sensibilidad. No como policía, sino desde el afecto y el amor”, afirmó.

La infancia como base para atravesar la adolescencia

Vetter señaló que el modo en que una persona atraviesa la adolescencia también está relacionado con los vínculos construidos durante la infancia.

“Por eso empieza la infancia”, explicó al referirse a la importancia de construir desde los primeros años una relación basada en el diálogo y la cercanía.

Compartir momentos, juegos, comidas, salidas y conversaciones permite construir una relación de confianza que puede resultar fundamental cuando llega la etapa adolescente.

En este sentido, destacó la importancia de dedicarles a los hijos no solamente tiempo, sino “tiempo de calidad”.

Según explicó, una relación construida desde temprano puede facilitar que las crisis propias de la adolescencia sean transitadas con mayor acompañamiento y contención.

La crisis, insistió, no debe ser necesariamente entendida como algo negativo: forma parte del proceso mediante el cual el joven comienza a construir una identidad propia y a diferenciarse de sus padres.

El silencio también puede ser una señal

En el marco del mes de prevención del suicidio, la conversación puso especial énfasis en aquellos jóvenes que atraviesan situaciones de tristeza, aislamiento o sufrimiento y no encuentran un espacio donde expresarlo.

Vetter destacó que los adultos deben estar atentos especialmente cuando un adolescente permanece demasiado callado, se encierra o comienza a alejarse de los demás.

“Si está muy callado y si está en mucho silencio, es más importante todavía que vos respetes y atiendas a ver qué le está pasando”, sostuvo.

El profesional propuso incluso acercamientos cotidianos y aparentemente simples para reconstruir el vínculo, como compartir una actividad, conversar sobre su habitación o preguntarle qué cosas le gustaría cambiar.

La idea central, explicó, es que el adolescente pueda sentir que el adulto está presente.

El corazón quebrado también necesita atención

Vetter utilizó una comparación para explicar por qué el sufrimiento emocional debe recibir la misma seriedad que una lesión física.

“Si está con un brazo quebrado, cualquiera le respeta y le atiende. Pero cuando está con el corazón quebrado, cuando está con el alma quebrada por alguna cosa que nosotros por ahí no sabemos, es más importante aún”, expresó.

El sufrimiento psicológico no siempre puede verse en una radiografía ni presenta una señal física evidente. Por eso, la observación, la escucha y la cercanía adquieren un papel fundamental.

“El alma no puede enllezar. Pero podés y debés acompañar”, afirmó.

Para el profesional, acompañar, contener y buscar ayuda cuando sea necesario puede resultar fundamental frente a situaciones de sufrimiento profundo.

“Porque con eso le estás ayudando a salvar la vida”, concluyó.

Escucha la entrevista completa:

Multimedios Génesis Eldorado | Red de Medios Misiones 

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